"...cada hermano cumplirá con el deber que esta Gran Logia le ha impuesto,
asesinando a todos los españoles, sus mujeres e hijos..."

Artículo 2º de la orden dada por el Gran Consejo del Katipunam el 28 de junio de 1.896 para la insurrección de las islas filipinas.

ACONTECIMIENTOS CRONOLÓGICOS
El Montevideo,uno de los buques de la Trasatlántica encargado de transportar tropas para sofocar la insurrección filipina.

La insurrección en Filipinas se produjo el año 1.896, viniendo a agravar la situación de la metrópoli al establecerse un nuevo foco de rebeldía que vino a rebañar los agotados recursos humanos y económicos que tan necesarios se hacían para sofocar la interminable lucha en Cuba.
Las razones para ello hay que buscarlas en diversas circunstancias: la corrupción de la administración, fomentada por el hecho de que muchos funcionarios españoles llegaban con ávidos deseos de llenar sus bolsillos a toda costa; el abuso del clero peninsular y el odio del clero indígena hacia los frailes españoles que disfrutaban de pingües beneficios; la labor de intelectuales filipinos formados en las universidades españolas que llevaron nuevas ideas a las islas; la propaganda masónica...
Todo esto fue llevando a la población tagala a un descontento generalizado y a un rechazo contra la administración española; algo que no evitaron ya las autoridades a pesar de las reformas que se iniciaron, reformas que comenzaban a integrar a los nativos filipinos

en el gobierno del archipiélago.
Sin embargo, estas reformas que fueron tenidas como excesivas por la clase social europea resultaron escasas para los independentistas filipinos.
Así las cosas, todo parecía indicar que no tardaría en producirse una rebelión, algo que se contemplaba con preocupación tanto en el archipiélago como en la propia España, de donde llegaron órdenes de que se prohibiese la existencia de sociedades secretas y de la francmasonería.

La conspiración fue delatada al párroco de Tondo por un conjurado arrepentido.
Sin embargo, las actividades de las autoridades españolas para evitar la sublevación no consiguieron su objetivo.
El 30 de agosto de 1.896 estallaba la sublevación. Andrés Bonifacio, fundador de la sociedad secreta del KATIPUNAN, sostenía un enfrentamiento con la Guardia Civil al intentar entrar en Manila con sus tropas, siendo rechazado en San Juan del Monte.
En el momento del alzamiento existían destinados en el archipiélago como guarnición tan sólo 18.000 hombres del Ejército que formaban 7 regimientos de infantería, un batallón disciplinario, 1 regimiento de caballería, 1 regimiento y 2 baterías de artillería, un batallón de ingenieros, una brigada de sanidad y, además, el personal

estandarte del KATIPUNAM

administrativo. La composición de estas tropas era mayoritariamente indígena, salvo los cuadros de mando y las unidades de artillería. Las unidades, generalmente, estaban desplegadas en 1 media Brigada de 4 regimientos de infantería en Luzón y 1 media Brigada de 3 regimientos de infantería y 1 Batallón Disciplinario en Joló, Mindanao y Visayas.

La artillería de plaza tenía destacado un batallón en Cavite y otro en Manila. El resto de unidades se concentraban en ésta última población.
La situación de La Armada no era mucho mejor.
La marina contaba con una escuadra de buques desfasados y que poco hubieran podido hacer frente a la amenaza japonesa, que ya comenzaba a perfilarse como un serio rival en la zona.

crucero no protegido Don Antonio de Ulloa

Se componía de un batallón de infantería de marina, 2 cruceros de 1ª no protegidos, 3 cruceros de 2ª no protegidos, 2 cruceros de 3ª protegidos, 3 cruceros de 3ª no protegidos, 10 cañoneros de 2ª, 11 cañoneros de 3ª, 2 transportes, 1 buque hidrográfico y varias lanchas cañoneras.

cañonera Otálora, de servicio en la Laguna de Bay
Pulsa en la imagen para leer acerca del sitio de Santa Cruz de la Laguna y ver varios dibujos de la época de las cañoneras Otálora y Oceanía, así como de las tropas españolas en Filipinas. Dibujos cortesía de Jose Mª Fabregat .

La Guardia Civil, por su parte, contaba con tres tercios indígenas y una sección de guardias peninsulares, la denominada "Guardia Veterana", así como 3 compañías de carabineros.

Plano de Manila intramuros

Los éxitos iniciales de los insurrectos avivaron la llama de la rebelión, a la cual se sumaron desertores indígenas del Ejército Español. Desde España se pudieron enviar 15 Batallones de Cazadores Expedicionarios, numerados del 1 al 15, y así, el 15 de septiembre de 1.896 comenzó el general Blanco las operaciones encaminadas a sofocar la sublevación.
Con estas tropas, a las que se sumarían 3.000 hombres más traidos de las islas de Joló y de Mindanao en navíos de la armada, se intentaría recuperar el control de la provincia de Cavite.
En aquellos momentos, las conflictivas islas de las que se retirarían los efectivos mencionados se mantuvieron en una relativa calma; sin embargo, en el transcurso de las operaciones una columna española al mando del coronel Marina fue emboscada y no exterminada

debido a la serenidad mostrada por el mencionado coronel.
Los españoles residentes en Manila acusaron del desgraciado suceso al general Blanco, tildándolo de poco enérgico.
A estas voces se sumaron las de parlamentarios, la opinión pública y periodistas en la Metrópoli, provocando la destitución del general Blanco, nombrándose al general Polavieja para dirigir las operaciones, quien desembarcó en Manila el 2 de diciembre de 1.896 y comenzó por debilitar la rebelión persiguiendo y castigando a algunos de los más importantes de sus dirigentes que fueron capturados. Posteriomente publicaría un indulto al que se acogerían unos 9.000 insurrectos, intensificando a continuación las operaciones bélicas y recuperando el control de la inmensa mayoría del territorio ocupado por los sublevados, confinando a éstos en la provincia de Cavite.

Ejecución de varios cabecillas del Katipunam en la Luneta

Posteriomente publicaría un indulto al que se acogerían unos 9.000 insurrectos, intensificando a continuación las operaciones bélicas y recuperando el control de la inmensa mayoría del territorio ocupado por los sublevados, confinando a éstos en la provincia de Cavite.

Aguinaldo y algunos de sus hombres, escondidos en las montañas durante la rebelión de 1.896

Con el fin de cubrir las bajas, el general Polavieja solicitó el envió de 20.000 hombres desde España; sin embargo, lo único que obtuvo fue el relevo, siendo nombrado como su sucesor el general Primo de Rivera quien continuó con éxito las operaciones obligando a Aguinaldo a abandonar la provincia de Cavite, reduciendo cada vez más su área de influencia.

Desde España se otorgaría poder al general Primo de Rivera para "comprar" la paz a los insurrectos, llegándose el 23 de diciembre de 1.897 al compromiso denominado "PACTO DE BIAKNABATÓ " por el cual los filipinos sublevados se acogían al indulto y a la cantidad de 1.700.000 pesos en concepto de socorros.
Como parte del compromiso, los lideres independentistas abandonaban el camino de las armas y retornaban a sus actividades cotidianas en unos casos, o partían al exilio en otros.
Aguinaldo recibiría de dicha cantidad la suma de 400.000 pesos, exiliándose en Hong-Kong.

Algunos líderes independentistas en 1.898, en el tren que les traslada a Tagupan tras el armisticio de Biac-na-bató

Meses después, ante el estallido de la guerra hispano-americana, Aguinaldo concertaría con el cónsul americano en Hong-Kong un nuevo levantamiento filipino, firmándose posteriormente en Singapur un pacto entre ellos para la proclamación de la República Filipina.

Aguinaldo, tercero por la izquierda en la parte inferior de la fotografía, junto a varios líderes independentistas en 1.898, tras su regreso de Hong-Kong


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