A pesar de la total pérdida de la escuadra española ninguno de los buques que la componían (con la salvedad del destructor Plutón) fue hundido por el fuego de la flota americana. |
![]() |
La pérdida
de los cuatro buques mayores se debió principalmente a los daños
sufridos en las obras muertas y superestructuras, y también en éste
caso hay que destacar que la pérdida del Cristobal Colón (el
mejor de los cruceros acorazados de ambas escuadras) fue consecuencia de
una decisión tomada por el mando del navío para evitar su
captura. |
|
acorazado, cosa que sucedía con este tipo de buques de guerra , diseñados principalmente para enfrentarse a cruceros protegidos, para atacar el tráfico mercante enemigo o para hacer frente a buques de su misma clase. |
![]() |
|
Y en el caso de los tres de la clase "Vizcaya" tenían su mayor debilidad en sus altas bandas, donde se situaban las piezas de medio y pequeño calibre sin más protección que las que les proporcionaban los manteletes de las piezas y el propio costado del buque, dejando desprotegidos a los sirvientes de las baterías. |
![]() |
En los cruceros acorazados que se estaban construyendo en la Península (Cardenal Cisneros, Cataluña y Princesa de Asturias) y como consecuencia de esta batalla, se pondría más énfasis en la protección de las bandas a costa de reducir el calibre de las piezas grandes de 280 mm a 240 mm |
En el combate
de Santiago, de la misma manera que en el de Cavite, no se puede achacar
a los cañones de los navíos españoles que no tuvieran
ni el poder de dañar a los buques americanos ni alcance suficiente
para hacer blanco. |
![]() |
ámpliamente los 10.000 metros, por no mencionar los 6 cañones de 280 mm, que eran los que mayor poder de destrucción tenían en la escuadra española. Sin embargo, esa distancia no era la ideal para el uso de torpedos (de los cuales iban bien provistos los cuatro cruceros), cuyo alcance eficaz tan sólo era de 800 metros, lo que hacía muy difícil su uso al tener que acercarse tanto al buque enemigo que fuese a ser objeto del ataque con semejante arma. |
![]() |
Con motivo de
los daños sufridos pronto en los tres cruceros del tipo "Vizcaya"
se averiaron los ascensores de la munición de 140 mm, cada uno de
los cuales subían al mismo tiempo (y no de manera independiente)
hasta 5 proyectiles, por lo que al quedar dañado uno de ellos también
dejaban de funcionar los demás, provocando que la munición
hubiera de llevarse hasta las piezas a mano. |
En el crucero Oquendo, al segundo o tercer disparo de uno de sus cañones de 140 mm saltó el cierre de la pieza dejando fuera de combate a todos sus servidores, mientras que en la torre de 280 mm de proa un proyectil americano penetraba entre el cañón y el carapacho inutilizando la pieza. |
|
Mucho se ha hablado acerca de la efectividad de los artilleros norteamericanos en comparación con los artilleros españoles, pero en este punto, como en muchos otros de la Guerra Hispanoamericana, la leyenda ha tomado carta de naturaleza, imponiéndose a la más cruda realidad: ni tanto ni tan poco. |
|
IMPACTOS RECIBIDOS
POR LOS CRUCEROS ESPAÑOLES
|
|
|
Ninguno de los 6 cañones españoles de 280 mm. consiguieron hacer blanco (un estudio de los pecios por parte americana después del combate se encontró conque las alzas de las piezas estaban graduadas para disparar a más de 4.000 metros), y los obtenidos con los cañones de medio y pequeño calibre no crearon |
![]() |
|
suficientes daños en los buques norteamericanos, a pesar de que los artilleros españoles buscaron acertar en la línea de flotación, tanto a proa como a popa que eran las zonas menos protegidas, de sus enemigos. |
|
no realizar excesivo gasto de munición realizando prácticas de tiro. Pero tampoco es un hecho éste que pueda excusar a los responsables del inútil sacrificio de buques y hombres, lo que precipitó el fin de la guerra y las pérdidas territoriales sin llegar a haber sido derrotados en ninguno de los escenarios terrestres donde tuvo lugar la contienda. |
![]() |
Por su parte,
los artilleros norteamericanos, a pesar de disponer de mayor número
de bocas de fuego, tampoco destacaron por su puntería, a pesar de
haber realizado muchos más disparos que los buques españoles.
Los impactos en los buques españoles tampoco fueron muy numerosos. |
|
ÄEl
Oquendo, al ser el último en efectuar la salida, fue el más
castigado de toda la escuadra, encajando 3 granadas de 203 mm, 11 de calibre
medio y 43 de calibre ligero. |
El total
de daños encajados por la escuadra de Cervera no justifica por sí
sólo la pérdida de los buques. En tonces ¿qué
pudo producirlo? |
![]() |
|
sucedería todo lo contrario en los barcos españoles. Esto motivó que a medida que se sucedían los impactos americanos se fueran desatando incendios de tal virulencia que no pudieron ser dominados por las cada vez más mermadas escuadras destinadas a sofocarlos. Al ir propagándose, los múltiples fuegos, el calor sofocante, el humo y las pérdidas de vapor restaron capacidad operativa en todos y cada uno de los buques españoles. |
![]() |
Al ser embarrancados y abandonados por las dotaciones, los incendios terminaron por extenderse sin oposición por lo que quedaba de los buques, provocando en algunos de ellos explosiones secundarias en las santabárbaras. Tan sólo se libró de los incendios el Colón, indemne como ya hemos dicho, por lo que representaba una estupenda presa que los norteamericanos trataron de reflotar sin éxito, ya que la dotación del mismo abrió los grifos de fondo antes de abandonarlo, inundándose por completo. Al intentar ser remolcado, volcó sobre un costado y se hundió definitivamente, evitando así que pudiera ser |
|
incorporado a la US. Navy. Igual suerte correría el Teresa, que tras ser reflotado después de numerosos intentos se perdería en un temporal cerca de Cat Island en las Bahamas mientras era remolcado por un buque norteamericano. |
|
El
Colón hundido de costado en la playa La Mula, junto al río Turquino en
una instantánea de la época;
la playa La Mula en la actualidad; el autor de las fotos, Teodoro Rubio preparándose para una inmersión y buceando en la proa del Colón;finalmente, una imagen de varios cartuchos de mauser en las bodegas del crucero |
|
|
INFORME
DEL ALMIRANTE CERVERA AL GENERAL BLANCO
|
Excmo.
e Ilmo. Sr.: |
Las
instrucciones dadas para la salida eran las siguientes: |
![]() |
|
yates armados. |
![]() |
puse al quedar a sus órdenes. |
nosotros para atajarlo. |
![]() |
Desgraciadamente el fuego ganaba terreno con mucha rapidez y voracidad, por lo que envié uno de mis ayudantes con la orden de que se inundasen los pañoles de popa, encontrándose éste ser imposible penetrar en los callejones de las cámaras a causa del mucho humo y del vapor que salía por la escotilla de la máquina, donde también le fue absolutamente imposible penetrar, a causa de no permitir la respiración abrasadora de la atmósfera; por tanto fue necesario dirigirnos a una playita al 0. de Punta Cabrera, donde embarrancamos con la salida, al mismo tiempo que se nos paraba la máquina; era imposible subir municiones ni nada que exigiera |
ir bajo la cubierta acorazada, sobre
todo a popa de las calderas, y en tal situación no había que
pensar más que en salvar la parte que se pudiera de la tripulación, |
|
En
tan penosa situación, habiendo empezado las explosiones parciales
de los depósitos de las baterías, di orden de arriar la bandera
e inundar todos los pañoles: la primera no pudo ejecutarse a causa
del terrible incendio que había en la toldilla, habiéndose
quemado al poco rato. Ya era tiempo: el fuego ganaba con mucha rapidez y
apenas hubo el suficiente para abandonar el buque, cuando ya el fuego llegaba
al puente, y eso ayudados por dos botes americanos que llegaron como tres
cuartos de hora después de la embarrancada. |
![]() |
|
de navío don Francisco Linares, el segundo médico don Julio
Díaz del Río, el maquinista mayor de primera clase don Juan
Montero y el de segunda don José Melgares, cuyo cadáver
salió a la playa. |
![]() |
Nosotros
arriamos un bote que parecía bueno e inmediatamente se fue a pique,
y se echó al agua un bote de vapor, que sólo pudo hacer un
viaje, porque también se fue a pique por efecto de las averías
que tenía, al intentar volver a bordo por segunda vez, quedando agarrados
a él los tres o cuatro hombres que lo llevaban y que se salvaron
unos a nado y otros los recogió un bote americano. |
Concluido el desembarco de la gente, fui invitado por el
oficial americano que
mandaba los botes de seguirle a su buque, que era el yate armado «Gloucester»,
a donde fui acompañado de mi capitán de bandera herido, de
mi hijo ayudante y del segundo del buque que fue el último que lo
abandonó. |
Nada
absolutamente creo que pueda salvarse del buque, y nosotros lo hemos perdido
todo, llegando la inmensa mayoría absolutamente desnudos a la playa.
Pocos minutos después que el «Teresa» embarrancaba el
«Oquendo» en una playa como a media legua al oeste de él,
con un incendio parecido al suyo, y se perdieron de vista por el Oeste el
«Vizcaya» y el «Colón», perseguidos por la
escuadra enemiga. Según me ha manifestado el contador del «Oquendo»,
único oficial que está en el mismo buque que yo, la historia
de este desgraciado buque y su heroica tripulación es la siguiente,
que tal vez se rectifique algo, pero sólo en detalles, no en el fondo
de los hechos: |
![]() |
A la batería
de 14 centímetros, barrida por el fuego enemigo desde el principio,
sólo le quedaron dos cañones útiles, con los que continuó
defendiéndose con una energía incomparable. También
la torre de popa quedó sin su oficial comandante, muerto por un proyectil
del enemigo que entró al abrir la puerta para poder respirar, porque
se asfixiaban dentro. No conoce el Contador la historia de la batería
de tiro rápido y sólo sabe que disparaba, seguramente, lo
mismo que toda esta valiente tripulación. |
![]() |
Los ascensores de municiones de 14 centímetros faltaron desde el principio, pero no faltaron municiones en la batería, mientras que pudo batirse, por los repuestos que, a prevención, se habían puesto en todos los buques. Cuando el valiente comandante del «Oquendo» vio que no podía dominar el incendio y no tenía ningún cañón en estado de servicio, fue cuando se decidió a embarrancar, mandando previamente disparar todos los torpedos, menos los de popa, por si se acercaba algún buque enemigo, hasta que llegado el último extremo mandó arriar la bandera, minutos después que el «Teresa» y previa consulta a aquellos oficiales que estaban presentes. |
![]() |
Los comandantes segundo y tercero y tres tenientes de navío habían ya muerto. El salvamento de los supervivientes fue organizado por su comandante, que ha perdido la vida por salvar la de sus subordinados. Hicieron una balsa, arriaron dos lanchitas, únicas embarcaciones que les quedaban útiles, y últimamente fueron auxiliados por embarcaciones americanas, y según me dijo un insurrecto, a quien hablé en la playa, también les auxilió un bote que éstos tenían. Sublime era el espectáculo que presentaban estos dos buques; las continuas explosiones que se sucedían sin cesar, no acobardaban a estos valientes, que han defendido sus buques hasta el punto de no haber podido ser hollados por la planta de ningún enemigo. |
Cuando fui invitado por el oficial americano a seguirlo, según dije a V.E.I anteriormente, di instrucciones para el reembarco al tercer comandante don Juan Aznar, a quien no he vuelto a ver desde entonces. Al llegar al buque americano, que era el yate armado «Gloucester», encontré allí una veintena de heridos pertenecientes en su mayor parte a los cazatorpederos, los comandantes de éstos, tres oficiales del «Teresa», el Contador del «Oquendo» y nos reunimos entre todos hasta noventa y tres personas, pertenecientes a las dotaciones de la Escuadra. |
El
comandante y oficiales del yate nos recibieron con las mayores atenciones,
esforzándose por atender a nuestras necesidades, que eran de todo
género, porque llegamos absolutamente desnudos y hambrientos; me
manifestó el comandante que como su buque era tan pequeño,
no podía recibir aquella masa de gente, e iba a buscar un buque mayor
que los embarcara. |
![]() |
|
reclamara nuestra gente, lo que me prometió, enviando al efecto
un destacamento con bandera. También envió algunos víveres
de que tan necesitados estaban en la playa. |
![]() |
De lo ocurrido al «Furor», puede V.E.I. enterarse detalladamente por la adjunta copia del parte de su comandante; en él encontró una muerte gloriosa el capitán de navío don Fernando Villaamil, y el número de bajas acredita cómo se ha conducido este pequeño buque cuyo comandante también fue herido levemente. Cuando llegué al «Iowa», donde fui recibido con toda clase de honores y consideraciones, tuve el consuelo de ver en el portalón al bizarro comandante del «Vizcaya», que salió a recibirme con su espada ceñida porque el comandante del «Iowa» no quiso que se desprendiera de ella en testimonio de su brillante defensa. |
| Adjunta es
también copia del parte que me ha producido, por el cual
vendrá V.E.I. en conocimiento de esta historia tan parecida a la
de sus hermanos
«Teresa» y «Oquendo», lo que prueba que los mismos
defectos han producido las
mismas desgracias, habiendo sido todo cuestión de tiempo. |
«En cumplimiento de las órdenes de V. E., salí ayer mañana de Cuba con toda la Escuadra, y después de un combate desigual contra fuerzas más que triples de las mías, toda mi Escuadra quedó destruida, incendiados y embarrancados el "Teresa", "Oquendo" y "Vizcaya"; el "Colón", según informes de los americanos, embarrancado y rendido; los cazatorpederos a pique. Ignoro aún las pérdidas de gente, pero seguramente sumen más de 600 muertos y muchos heridos, aunque no en tan grande proporción. |
![]() |
|
Los
vivos somos prisioneros de los americanos. La gente toda rayando a una
altura que ha merecido los plácemes más entusiastas de los
enemigos. Al comandante del "Vizcaya" le dejaron su espada.
Estoy muy agradecido a la generosidad e hidalguía con que nos tratan. |
![]() |
![]() |
|
Dos
imágenes de la época que tienen como protagonista al castigado
"Almirante Oquendo"
|
|
|
Entre los muertos está Villaamil y creo que Lazaga; entre los heridos,
Concas y Eulate. |
![]() |
Réstame
decir a V.E.I., para completar los rasgos característicos de esta
lúgubre jornada, que nuestros enemigos se han conducido y se conducen
actualmente con nosotros con una hidalguía y delicadeza que no cabe
más; no sólo nos han vestido como han podido, sino que han
suprimido la mayor parte de los «hurras» por respeto a nuestra
amargura; hemos sido y somos objeto de entusiastas felicitaciones por nuestra
actuación, y todos, a porfía, se han esmerado en hacernos
nuestro cautiverio lo más llevadero posible. |
En la mar, a bordo del «San Luis», 9 de julio de 1898.
|
|
|